Blog de Alba José Clavé

¿Con quién se quedan las mascotas en caso de divorcio?

Sabemos que un divorcio la gran mayoría de veces es una experiencia traumática donde confluyen varios conflictos, entre los más comunes está el reparto del patrimonio familiar, así como la regulación de las medidas entorno al hijo o hijos comunes de la pareja.

No obstante lo anterior, cada vez es más habitual y frecuente que las familias sumen a su núcleo familiar un nuevo miembro peludo y, en la gran mayoría de ocasiones son uno más de la familia, de modo que en caso de ruptura de la misma también adquieren un gran protagonismo ya que deberemos regular quién se queda con el animal de compañía y, en su caso, como se reparte el tiempo de disfrute con el mismo.

Si bien es cierto que en marzo de 2019 se publicó una propuesta de reforma en el Congreso de los Diputados que, entre otras cuestiones de debate, pretendía modificar el régimen jurídico de lo animales para adaptarlos a la mayor sensibilidad social existente en nuestros días y reconocerles  su cualidad de seres vivos dotados de sensibilidad, lo cierto es que a día de hoy no se ha aprobado y, por tanto, nuestro Código Civil sigue indicando que “todas las cosas que son o pueden ser objeto de apropiación se consideran como bienes muebles o inmuebles”, por tanto, en la actualidad no existen unas medidas específicas para establecer y regular el régimen de visitas o de custodia para las mascotas, ya que estos términos se emplean únicamente para los hijos.

¿Quién pasará a cuidar del animal en caso de ruptura?

En el registro de Identificación Animal de cada Comunidad Autónoma solo puede inscribirse el nombre de uno de los dos cónyuges como propietario. Debemos tener en cuenta, por tanto, que podemos encontrarnos generalmente en dos situaciones:

  • Cónyuges casados en régimen de gananciales: en este caso las partes podrán pactar la copropiedad del animal con el objetivo de compartir del cuidado y disfrute de la mascota, así como sus gastos. Al ser un bien ganancial, es decir, comprado o adquirido por los cónyuges durante el matrimonio, pertenece a los dos de forma igualitaria. El juez puede decidir si atribuírselo a uno de ellos, o bien decidir sobre su venta y reparto de la ganancia. El juez utilizará criterios como la dedicación de cada una de las partes al cuidado de la mascota, las aportaciones económicas para su cuidado (como por ejemplo veterinario y comida) y, normalmente el cónyuge que más se haya ocupado del animal será quién se lo quede.
  • Cónyuges casados en régimen de separación de bienes: la mascota pertenecerá al cónyuge titular de la misma, no obstante, este supuesto es más incierto puesto que no siempre coincide que el propietario sea la persona que tiene mayor vinculo afectivo con el animal, ni la que le presta más cuidados habitualmente, por tanto, se podrá acreditar y demostrar que la mascota es común aportando pruebas que así lo demuestren, como por ejemplo las facturas de las visitas al veterinario, así como el pago de la alimentación, juguetes y cualquier otro gasto asimilado.

Procedimientos a seguir para su regulación.

  • En el supuesto de que el procedimiento se tramite de mutuo acuerdo, las partes podrá acordar un régimen de visitas del animal en el convenio regulador, independientemente de quién aparezca legalmente como propietario del mismo.
  • Si existe desacuerdo sobre quién de los dos cónyuges es titular de la mascota, será preciso acudir a la vía judicial contenciosa y entonces será un juez el que decida sobre la controversia.

En el caso de que se declare la propiedad exclusiva del animal a uno de los dos cónyuges, el otro no tendrá derecho alguno sobre el mismo y, por el contrario, si se declara la copropiedad del animal atendiendo a los criterios que anteriormente se han mencionado, será posible determinar y fijar un reparto de tiempo de disfrute con cada una de las partes, así como el porcentaje de contribución a los gastos del mismo.

Tenencia de la mascota en caso de haber hijos menores de edad.

En casos concretos, el haber hijos menores de edad es un factor determinante a la hora de decidir quien se queda con la mascota y, asimismo, fijar los aspectos más importantes entorno a la tenencia de la misma.

Siendo así, actualmente la jurisprudencia mayoritaria establece que el animal deberá estar en la vivienda donde se encuentre el menor por el especial apego de la mascota con el niño, ya que la relación entre los niños y los animales de compañía acostumbra a generar lazos muy fuertes y la ruptura de los progenitores puede llegar  a ser traumática para los hijos de la pareja, por lo que si el juez a la hora de valorar considera que es bueno para el niño no separarse de su mascota, así lo determinará.

Desde mi punto de vista como letrada, teniendo en cuenta que el procedimiento judicial contencioso es una vía que a mi modo de entender debería evitarse en la medida de lo posible, y considerando que un animal de compañía en la mayoría de hogares es uno más de la familia teniéndoles una gran estima, considero que en un momento de ruptura la mejor alternativa es llegar a un consenso determinando cual de los miembros de la familia tiene el vinculo mas fuerte y obrar en consecuencia. Asimismo, en el supuesto de que ambos lo tengan, recomendaría acordar el reparto del tiempo con el animal a partes iguales.

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